Además de salvar al Elche, Jaime celebró algo más tras el partido ante el Granada. Fue un triunfo personal ante Fabri, un viejo enemigo que ahora entrena a los rojiblancos. Todo se remonta al verano de 2003 en Zamora. El portero había hecho una gran temporada y su equipo se quedó a las puertas del ascenso a Segunda.
En la campaña siguiente llegó Fabri como nuevo técnico y el ímpetu juvenil de Jaime chocó con la férrea disciplina de un veterano de los banquillos. "Ni se hablaban", dice un exjugador del Zamora. Fabri ganó la batalla de egos y el meta se tuvo que ir al Ceuta antes de empezar la Liga. Ocho años después ha llegado la venganza con dos penaltis parados. Pero esto aún no ha acabado.
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