Que el Elche siga líder a estas alturas de la temporada es para estar satisfecho e ilusionado. No cabe duda que después de la decepción vivida hace escasamente dos meses, no hay mejor medicina para la afición franjiverde que ver a su equipo en lo más alto de la clasificación.
Y es que haber ganado tres partidos de Liga y uno de Copa del Rey no te da títulos, pero sí el ganarse el respeto del resto de competidores. Y una cosa está clara, a pesar de que se podía haber realizado mejores refuerzos, este Elche no es uno más de la categoría. Ya no va de tapado. Es uno de los rivales a batir y esa es una etiqueta que los de Bordalás deben saber sobrellevar a partir de ahora.
Frente al Celta, en el duelo entre dos equipos que jugaron el playoff, los franjiverde volvieron a ejercer de rodillo. De equipo que desactiva los puntos fuertes de los rivales y que al final apelando a su sistema acaba ganando por pequeños aspectos.
Seriedad defensiva, orden en la medular -a pesar de la ausencia de Mantecón, que provocó que tanto Rúper como Luque no tuvieran su día- y eficacia en los metros finales volvieron a aparecer en la libreta de Bordalás. Ángel aprovechó a concretar una de las pocas ocasiones que el equipo originó en la primera parte, pese a un error de Bille.
Y a pesar del empate de los vigueses en un claro desajuste en todos los sentidos, fue el Elche quien hizo del partido lo que quiso. Y ocurrió como casi siempre. Que al final gana el equipo que sabe a lo que juega a pesar de su juego poco vistoso de cara a la galería, pero efectivo que a fin de cuentas es lo que cuenta en esta Segunda División.
Casualidades o no, Pelegrín esta temporada está en estado de gracia. Desde que se le anuló el famoso gol ante el Granada, esta temporada lo remata todo. Y nuevamente, otro testarazo suyo valió el encadenar la cuarta victoria consecutiva. Que siga.
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