Dice un refrán que cuando menos se piensa salta la liebre, que viene de perilla para cuanto de gozo, alegría, ilusión, pasión, y cuantos adjetivos quieran añadirse, está suponiendo para la afición ilicitana, y no solamente para los aficionados al fútbol, sino para la ciudadanía en general. Y viene a cuento por lo impensable que era en el transcurso de la primera vuelta que se pudiera plantear el posible ascenso del Elche a la Primera División. Todo lo contrario que en la temporada anterior, que habíamos conseguido alcanzar puesto de privilegio en la clasificación y que en los últimos partidos se fue al traste.
Pero lo importante es que el equipo, para muchos entendidos considerado como el furgón de cola, vamos la hermanita de la caridad en comparación con los otros tres aspirantes al ascenso, ha mostrado sus dientes, ha puesto sobre el tapete sus muchas posibilidades, el coraje, el tesón de los jugadores que componen la plantilla de equipo franjiverde, bien capitaneados por José Bordalás, preparándose para afrontar la última gran prueba en los dos partidos que nos restan contra el Granada.
Como no podía ser menos, este tan esperado trance, esa nueva y gran oportunidad de reverdecer laureles, de situar al Elche en la División de Honor, ha constituido el encendido de ese monumental traca que constituye la afición ilicitana, cuyos truenos ya se dejaron sentir el domingo, pero que continuará sin duda alguna en los dos enfrentamientos con los granadinos, y particularmente con el que se jugará el próximo sábado en el Estadio Martínez Valero, donde naturalmente se confía en hacer sonar el 'tro gros'.
Del desbordamiento de la afición ilicitana quedó visible muestra en el partido de vuelta con el Valladolid, que será eso precisamente, una muestra de lo que acontecerá el sábado al recibir al Granada en que el estadio resultará pequeño para acoger a tantos aficionados, sobre todo a esa juventud que solamente ha conocido de oídas aquella gloriosa etapa del Elche en Primera, además de constituirse en cantera de la Selección Española, algo que parece sonar como un cuento de hadas.
Y lo que son las cosas de la vida, sus paradojas, si nos detenemos a pensar cómo y donde se produjo el último ascenso del Elche a Primera División, que se patentizó en Los Cármenes de Granada, gracias a un gol de Robi, muy parecido al segundo tanto que marcó Albacar, que se me ha quedado en la mente como si fuera algo ocurrido anteayer. Al igual que recuerdo el retorno de Granada, las paradas que hicimos, los brindis, las duchas, en fin, la euforia. Y nada digamos el recibimiento en la Plaça de Baix, cuando se rebasaban las dos de la madrugada, acontecimientos a los que después sucederían las celebraciones oficiales, ya que no era el último partido de la Liga.
He tenido la fortuna de vivir in situ todos los ascenso del Elche, desde la Tercera División, con la gloriosa etapa de César y Esquitino, todas las celebraciones, y naturalmente aquella fantástica final de Copa, en el Chamartín, que constituyen las más importantes efemérides del Elche, y siempre, siempre, la afición ilicitana, con su firme respaldo al equipo, ha sido total y directa protagonista de las proezas. Algo que tiene que repetirse forzosamente en esta nueva ocasión que se nos ha presentado, tal vez, como comencé diciendo, cuando menos se esperaba. ¡A por ellos, oé!
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