lunes, 27 de junio de 2011

La 'maldición' del Martínez Valero

Ha vuelto a pasar. Las gradas del Martínez Valero estaban a rebosar con 38.000 almas deseando, ansiando, esperando la ascensión a los cielos balompédicos del Elche a la 1ª División desde el 'infierno' de Segunda. Ha tornado a repetirse. La primera vez en el mítico encuentro trágico de hace más de dos décadas con el Cádiz. Miles y miles de ilicitanos que allí estábamos reunidos no podíamos creernos lo que estaba pasando.
La temporada pasada se repitió la historia con el Villarreal B cuando el Elche estaba en su momento más dulce para lograr el deseado sueño. El sábado 18 de junio, de ingrato recuerdo, se ha vuelto a repetir por tercera e infausta vez. Recorrí las calles, pisé los bares, escuché los comentarios, veía a los niños con sus camisetas, gorras y bufandas. Mi propio sobrino Sergi, entonando con afán el himno de Pepe Marcos, gritando «¡Elche, Elche, Elche!» con sus jóvenes pulmones.
Y luego el palo, la decepción con un equipo que no nos ha ganado ninguno de los dos partidos y un árbitro que ha dañado gravemente los intereses del Elche, condenándolo un año más a Segunda, que compartiremos con el Hércules.
Parece que una terca y estúpida maldición se ha cebado con el Martínez Valero. En días de extrema intensidad emocional, cuando las pilas del sentimiento y las aspiraciones están hipercargadas, se han producido grandes desastres: Cádiz, Villarreal y Granada.
¿Qué ocurre? ¿A los jugadores se les llenan las piernas de responsabilidad y no pueden desarrollar el juego de la segunda vuelta? ¿Les puede la tensión de ver un campo lleno cuando a lo largo de la temporada sólo han ido los 8.000 ó 9.000 auténticos héroes que viven y aman al Elche en los buenos y malos «times»?
No lo pude aguantar y lloré de dolor por dentro. Mi amado equipo, nuestro Elche C.F., nuestro equipo de palmeras, no subió porque se cometió un atraco a mano armada aunque su fútbol no fuera el mejor de otras jornadas. Este partido casi me cuesta un quebranto a mi salud física y tuve que consolar a amigos rotos de dolor. Han jugado con los sentimientos de un pueblo que es de 1ª.

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